Está oscuro, no
logro reconocer el lugar y a pesar de que es chico me siento cómoda, familiar.
Parece que floto entre la intemperie, me moja pero a la vez me hace sentir
cálida. A veces escucho algunos ruidos, no logro comprender lo que me dicen; pareciera
que están enojados porque son muy fuertes y todo el agua en el que me encuentro
vibra agresivamente, me da miedo; otras son diminutas y bajitas, no me asusta
pero me hace sentir incómoda, como si no existiera.
Quisiera que este lugar fuera más grande, con más espacio, no logro
alargarme como quisiera; debo estirar mis pies pero esta bolsa no me deja
aunque es divertido patearla, retumba como liga, no puedo reír sin embargo la
sensación de diversión me entretiene. Dado que no veo nada, tengo que mover mis
dedos para tocar todo lo que está conmigo, así fue que me di cuenta que estoy
atrapada, el agua se me ha metido en mi nariz, y la siento en todo el cuerpo.
Podría decir que no importa, pero no entiendo que es lo que me está pasando,
tal vez esto sea lo que llamen “un sueño”.
Al menos así fue al inicio, cuando iba descubriendo lo que me rodeaba; ya
después comencé a acostumbrarme, hasta en una ocasión creí ver cositas
brillantes, como polvo. Parecía que querían jugar conmigo y yo me alegré de
tener compañía, ya no estaría solita. Esa vez el ruido se escuchó muy fuerte,
comencé a temblar aunque no supe por qué. Movimientos bruscos llegaron hasta
mí, pensé que la bolsa se rompería, no podía esconderme, se me ocurrió pegarme
lo más lejos del lugar de donde sentía aquello malo.
Lo que pasó después, nunca logré comprenderlo. Entre los destellos vi que
una sombra se movía y rasgaba la bolsa. Tenía pánico, quise gritar pero el agua
entró por mi boca, la forma de moverme era lenta así que seguí pegada viendo,
sintiendo. La bolsa se rompió, muchas cosas pasaron en mi cuerpo, ahora
temblaba pero no por miedo, otra cosa hacía que todo se moviera sin que yo lo
quisiera, el agua se había ido. Sentí que me asfixiaba, necesitaba el agua, ya
no había lucecitas, solo una cosa que comenzó a desgarrar todo lo que encontró
a su paso. ¿Qué era? No lo sé, de pronto esa cosa se fue. Mi cuerpo estaba
entumido, sentía que me comprimía y eso dolía, sí, creo que es eso a lo que
llaman “dolor”. Pensé que todo había pasado y que pronto esa bolsa se
reconstruiría y el agua volvería.
Entró otra cosa alargada por donde se había ido la sombra, se detuvo
frente a mí y un ruido ensordecedor colapsó mis oídos, llegó un momento en que
no fui capaz de escuchar nada y quedé sumida en el silencio. Mi cuerpo se
desgarraba, la sombra había regresado y comenzó a picar mis piernas, yo me
aferré a la parte de la bolsa en que me encontraba, pero la cosa esa me jalaba
mientras la sombra me picaba. Sentí cómo de mis ojos salía agua, escuché decir
que podrían ser lágrimas. Las cosas no me dejaban en paz, jalaba y jalaba,
picaba y picaba; mi pierna se desprendió y vi como se iba dentro de un tubo, un
camino raro. Vi la parte donde antes estaba mi pierna, hilos y manchas rojas, fue
lo que logré distinguir. Grité y grité pero no sentí que yo hiciera ningún
ruido; mi otra pierna fue desprendida.
Yo no sabía que me estaban haciendo, por qué me lo estaban haciendo. Yo
solo había llegado ahí, no supe cómo, de pronto sentí agua dentro de una bolsa,
¿fue por los juegos?, prometo que no vuelvo a jugar, ¡prometo que no vuelvo a
jugar!; la mitad del cuerpo se fue tras el tubo.
Ya…, ya no podía ver bien, sentía cosas horribles, mucho dolor, todo el
cuerpo seguía temblando y se doblaba y se arrugaba. Yo no quería seguir, ¿qué
estaba pasando? Tal vez, si yo me iba solita hacia el tubo ya no me haría daño,
tal vez ya no sentiría esta agonía; quise acercarme cuando la sombra me tomó
por atrás, se enganchó en alguna parte de mí y entonces salió el primer grito,
no había sido de mi boca sino de todo el cuerpo, había reaccionado con un
“crank”, el grito más largo de toda mi vida.
* * * POCO ANTES * * *
—Jaime, no puedes hacer esto, no puedes tomar una decisión así, tan a la
ligera.
—No te estoy preguntado, y más vale que hagas caso o las consecuencias
podrían ser peores.
Arlete estaba aterrada, recostada sobre una cama, amarrada de pies y
manos. Sabía lo que Jaime intentaba hacer, ojalá lo hubiera entendido antes de
subir a su camioneta; ya conocía lo mentiroso que era con tal de hacer valer su
voluntad pero aún tenía ese poder sobre ella; nunca había tenido el valor para
contradecirlo. Ahora se arrepentía de no poder encontrar una forma de evitar
aquello.
La enfermera se acercó a ella, oprimió un control que hizo mover el aparato
haciendo que ella quedara de piernas abiertas, tomó las tijeras, levantó la
falda y cortó el calzón quedando al descubierto su sexo —tal vez sientas algo
de incomodidad y lo frío de los aparatos, sino no te mueves las probabilidades
de una hemorragia son mínimas, así que tu vida está en tus manos.
Vio en sus ojos que parecía disfrutar de ese escenario, ella quiso
moverse, golpear con todas sus fuerzas esa cara maldita y salir corriendo; pudo
imaginar la escena en su cabeza, cada detalle, la fuerza que sacaría de su
recóndito ser, pero no fue más que el deseo de su propia alma por parar a la
anti naturaleza de lo que estaba por ocurrir.
—¿Tardará mucho? Tenemos algo de prisa —Jaime estaba desesperado, debía
llegar a tiempo para que nadie sospechara.
—Tardaremos lo que tengamos que tardar, eso lo hubieras pensado antes de
meter tu cosita muchacho, ahora vete, vamos a comenzar —en ese momento el
doctor entró en la habitación echándolo fuera.
—Y, y mi bebé, ¿va a sentir algo? —su remordimiento era real, tan real
como su miedo a no hacer lo que le pedían.
—¡Vamos niña! Tienen suerte de que podamos hacerlo, a las 14 semanas es
muy difícil el procedimiento; tan solo es una cosa, no tiene alma, no siente,
no ve, no escucha…
* * * * *
Bien, después de
esta pequeña historia, ¿alguien tiene algún comentario? —esperó unos segundos, sabía
la repuesta de ante mano y aún así dejó que digirieran lo que acaban de ver
sobre el pizarrón ahora en blanco—. Eso imaginé. Puede que se pregunten, bueno,
¿y qué tiene que ver todo eso? Todo, les respondo yo.
La ciencia siempre tiene que ver con nuestra vida, íntima, social,
familiar; no existe excepción para esta regla. Lo que ustedes acaban de leer es
una historia de un caso polémico: el
aborto. El feto, ¿consta de vida?, de ser así, ¿tiene alma? Estas preguntas
han llevado a muchos estudiosos a conspiraciones religiosas, físicas, químicas;
no es mi intensión armar un debate, así que tranquilos, cada quien mantendrá su
postura sobre el asunto en secreto.
Esta Universidad, se ha empeñado en estudiar este tema tratando de dar
respuestas —después de todo, eso hace la ciencia, buscar respuestas—; con ese
fin creó el primer Eco-vibrador de la
historia. Un aparato de última tecnología que nos permite medir las vibraciones
más pequeñas de sonido que nuestro oído común no es capaz de percibir, al mismo
tiempo que lo materializa en imágenes con zondas de calor y frío; todo esto
desde un aparato de ultrasonido permitiendo la imagen 3D, sé lo que están
pensando, ¡toda una monada!
Hemos estudiado durante el procedimiento de diferentes abortos, las
razones no nos interesa señores, lo verdaderamente increíble es lo que hemos
conseguido con esos estudios. Los resultados dieron positivo a las pruebas de
choques eléctricos en varias partes de ese diminuto ser; no sabemos a
exactamente como es que el cerebro, al no estar completamente desarrollado,
puede procesar esta información, sin embargo lo hace y, no solo eso, sino que
tiene reacción.
Lo anterior nos deja con sola verdad absoluta que no tiene que ver con
religión ni tiene que ver con ciencia, tan solo tiene que ver con la lógica de
la naturaleza; desde que el espermatozoide y el óvulo se unen para formar el
embrión comienza a existir algo que no podemos negar y ahora se ha comprobado: instinto.
Levantó el pizarrón para proyecciones dejando un estante al descubierto
—lo que tienen frente a ustedes son los pequeños que hemos logrado obtener y
disecar en algunos procedimientos, al menos son los más completos —muchos
comenzaron con cuchicheos y murmuraciones, nadie se atrevía a mirar más allá de
un segundo—. Y con esto, señores, démosle la bienvenida a este nuevo curso y su
nueva vida dentro de la carrera de Medicina, en la cual, espero que a su
término, sean capaces de contestar: ¿somos
antes o después del primer lloriqueo al nacer?
