El camino de la aceptación, es un camino de valientes, de osados y de urgencia. Este camino te enfrenta a tus propios miedos, demonios e ideas; pues aceptar las cosas tal cómo son con una mente aún dividida en la dualidad, puede llevarlos al tormento e infierno mismo mental. ¿Es malo la aceptación? No. el problema no está en aceptar la situación que se está viviendo, sino en que antes de aceptarla, la juzgan y la clasifican según sus propias creencias.
¿Quién puede aceptar una situación después de clasificarla como “mala” o “desventajosa”? El ser que se conoce así mismo y que está en unión con lo que Es, sabe que no hay calificativo bueno o malo para una situación, solo es el momento presente haciendo sus milagros presentes. Antes de la aceptación, debe haber un paso anterior, la renuncia al juicio. Aceptar que no saben lo suficiente como para entender la situación en concreto, que algo que puede ser tomado como malo, es en realidad una bendición que los frena.
¿Qué pasa si van en un coche sobre la calle a toda velocidad y de pronto ven un tope? ¿Es malo el tope? El tope está ahí con un propósito en específico, frenar la velocidad; si no lo hiciesen o, como sucede en la mayoría de los casos, ni si quiera lo alcanzan a percibir, puede ocurrir un accidente, un rebote, que atropellen a alguna persona, o incluso que salgan volando. No fue el tope que estuviera mal colocado, fue la velocidad que habían tomado que no permitía ver más allá de sus narices. Así mismo es la vida, los desafíos que enfrentas muchas veces son un tope puesto, con la intención de que bajes la velocidad.
Cuando bajas la velocidad, eres capaz de levantar la vista, prestar atención y ver más allá del campo visual obvio. Tal vez hay un crucero, una escuela con niños cerca, una anciana queriendo cruzar la calle. Así la vida, muchas veces en el momento no podrás ver qué es lo que está cerca que la vida tuvo que poner un tope a tu velocidad; sin embargo, tener fe de que ese momento de stop es una bendición para ti y los que te rodean. Así que, renuncia al poder de juzgar, y acepta los topes como parte natural del camino que estás transitando.
La verdadera lección en las enseñanzas de la vida, muchas veces es tan simple, que pasa desapercibida. Se trata de soltar. Soltar los juicios, soltar lo que creemos que es correcto y conveniente, soltar el querer más, soltar el querer ser mejor. Soltar la mente, dejar que esta juegue con las ideas artificiales, pero no tomar ninguna como propia, pues ¿quién puede tomar con las manos una nube sin que el humo desaparezca? Pues las ideas, son nubes en la mente que encajonan la totalidad en lapso y tramo.
Ahora les queremos hablar del perdón, pues soltar es perdonar nuestra ignorancia. Soltar es dar libertad, liberarnos y dejar que la vida se produzca. Perdonar, reconocer que nadie puede lastimarte más que la idea que te encierra en un calabozo; no importa que tan fuerte sea lo que la vida te esté mostrando, intenta un solo segundo perdonar a la vida, y aceptar por sesenta segundos que tú estás más allá del dolor, que tu cuerpo no te pertenece, que no hay nada que perder pues lo único que verdaderamente tienes eres tú mismo, y nadie puede quitarte tu verdadera esencia; nadie excepto la creencia de que alguien puede, eso es perder el poder sobre tu propia existencia.
Nadie puede perder verdaderamente el poder, a menos que así lo crea.
¿Te das cuenta que todo depende de tus creencias? ¿Puedes notarlo? El poder está en lo que crees que es verdad, no está afuera, está dentro de tu mente; la libertad o la esclavitud está al alcance de un pensamiento, juicio y creencia interna. Elige sabiamente, pues el cielo o el infierno dependerá de lo que prefieras que sea real. El que es sabio, a sus creencias renuncia y vive cada momento como si no supiera nada de la vida; y es ahí, dónde se da cuenta que, en realidad, lo sabe todo. En el fluir de la vida, se da el verdadero conocimiento.
El inteligente se llena de información, el sabio sabe exactamente y solamente lo que debe saber en el momento en que se encuentra, no más, no menos. No llenes tu mente de aprendizaje, creencias, magia, esoterismo; vacía tu mente para que la vida pueda entrar en ella; para que tú, que eres la vida, puedas entrar... ¿a dónde deseas llegar, caminante, si tu existencia se encuentra aquí, presente en cada paso?
Caminante, no hay camino, se hace camino al pisar, en la huella que has de encontrar, entre el pisar y el dejar. Existe, caminante, en cada paso que das, respira el presente y planta los pies firmes, en tu andar; observa que el camino no lleva a ningún lado, más que al único instante en el que estás; entonces, caminante, ¿haces camino al andar? Si así fuere, ¿dónde estás y a dónde vas, si nunca estás presente? Si no estás ahí, ¿dónde estás?
¿Quién debe estar?
