La mente, ¿qué es la mente? La mente somos todos, nosotros,
ustedes, ellos, tú, yo. En la mente, es que nos hemos podido conocer y
desconocer, es el mecanismo que utilizamos para crear, cada idea, invento,
sueño e ilusión que nuestra imaginación nos regala en cada Instante Santo. La
mente, es el portal a la dimensión de la materia, de los pensamientos, y también,
a la dimensión de las emociones y sentimientos.
La mente es el fruto prohibido que las grandes religiones
mencionan; es una tentación del alma que, en su búsqueda por expresarse y
experimentarse, pierde el punto central del Ser, olvida su origen, y entonces,
comienza el largo camino del recordar, para después llegar a un punto
intermedio donde no hay dirección que seguir más que simplemente el reconocer que
todo es mente, en cualquiera de sus niveles; entonces, la gran pregunta se
presenta ante ti, ¿quién eres? ¿Quién soy, yo?
La mente (ego, sueño, ilusión) es solo una forma más del
rostro de Dios. El Gran Espíritu que ha decidido encarnarse en diferentes
formas, densas y no densas, etéreas e ínfimas, infinitas y limitadas. Todo cuanto
puedas imaginar, es la Gran mente cósmica expresándose así misma. No hay espacio
más allá que esté suficientemente lejos de la mente estelar; pero este solo es
un aspecto, el recurso para hacer realidad la imaginación del Ser.
En este espacio-tiempo se sabe mucho sobre el despertar, el
poder de la mente, la iluminación, el poder de la atracción, la ilusión y el
sueño; se cree, que la mente no es más que esa minúscula (mas poderosa) masa
muscular que es el cerebro, pero ¿qué es la mente en realidad?
La mente, es todo aquello que permite expresarse, está en
todas partes; es el cuerpo, el oxígeno, el mar, la arena, las grandes ciudades,
lo pequeños perros, los pájaros, y cada bacteria; la mente está en todo, cada
una de las partículas que crean el ego. El ego son todas las creencias que
hemos creado, que dan estructura, la mente es el material que hace posible que
el ego exista. Las ideas bajan a través de la mente y se expresan, el ego es
quién ser encarga de la estructurarlas dentro de la realidad.
El Ser imagina, se expresa a través de la mente y crea una
realidad posible a través del Ego. Esta, es la red tridimensional del Ser. No
incluiremos diagramas, ni geometría, lo que deseamos al transmitir estos diálogos,
es que ustedes puedan identificar sus propios ciclos. No es ninguna casualidad
que los grandes Maestros apunten en una sola indicación: sean sus propios
maestros. La maestría, no es enseñar el camino en un sistema escalonado; la maestría
es llevar a la práctica aquello que se quiere lograr, como hemos dicho antes,
la repetición crea los mejores resultados.
Sean maestros de su propio camino, confíen en que la vida les
proporcionará todo aquello que sea necesario para su propio despertar, según el
nivel en el que se encuentren. Mas entiendan algo, no importa en que nivel se encuentren
ni el tipo de experiencia que hayan elegido ser, siempre están más allá de la
mente. Pues la mente solo es un recurso ocupado por el Ser, más no es el ser
mismo.
Cuando sientan que el mundo se les está yendo de entre las
manos, regresen a su punto de encuentro, regresen a su Ser. Solo deben cerrar
los ojos y regresar al momento presente. Un ejercicio muy simple pero efectivo
puede ser el agradecimiento. Sentir la gracia en el momento, saber que en un
momento dado, a pesar de la situaciones que pudieran estar pasar, tienen algo por
lo cual agradecer, por muy mínimo que sea.
Tómate un instante, detén tu vida un segundo y respira,
tómate un minuto para agradecer que estás vivo, que probablemente tienes un
lugar dónde dormir, o tienes un trabajo, tienes alguien que se preocupe por ti,
incluso, puedes agradecer el estar en ese momento, bajo el techo del cielo. Sepan
que nosotros siempre estamos con ustedes, pues todos somos la misma mente, no
hay separación, reconocer esto, es integrar todas las partes.
Tú eliges, puedes jugar con la mente, puedes jugar con el
ego, también puedes jugar con el espíritu, pero todo aquello que de verdad
eres, seguirá ahí, dándote la oportunidad de que te canses del juego y entonces
decidas reconocer tu reflejo como lo que es: una mera proyección de lo que
eres.