La velocidad (si lo podemos llamar así) con la que viajan
las ondas es incalculable; un ojo humano tardaría más parpadeando, que una
parte de la luz en terminar el ciclo completo. Esta es la forma en que nos
creamos, en todos los niveles. Y la vida no requiere de nuestra participación;
sin embargo, para que todo esto ocurra, se requiere de nuestra presencia. Sin
un testigo, sin una intensión, nada de esto sería posible ni tendría sentido.
Esto es lo que llamamos “conciencia o alma de Dios”.
Es la fuerza suficiente que contiene al Todo, y al mismo
tiempo es el Todo. Él mismo se crea, se conoce, se experimenta y es. Esto a su
vez, es posible por un campo magnético, que inyecta al alma de energía y vibra
pura (vital). Ese campo lo conocen como Espíritu. El espíritu es la energía que
al tomar conciencia y presencia de sí mismo, se vuelve Alma; y a su vez, es el
combustible para el proceso de la vida: Dios.
El Alma de Dios, es una parte individualizada de Espíritu.
Existen muchas más almas individualizadas “Dios” como almas individualizadas en
nuestro basto Universo; todas ellas, en conjunto, crean la existencia del Gran
Espíritu, el Ser Uno.
Dicho de otro modo, más digerible, ustedes son pequeñas
energías de pensamiento que viven el proceso constante de la vida; todas juntas
(ustedes y nosotros) somos el pensamiento de Dios. Esta “cápsula Dios”, no es
única, sino existen muchas más cápsulas interconectadas unas con otras que, en
conjunto, salen de la Gran Energía, el Gran Pensamiento.
Si pudiéramos mostrar lo anterior con una imagen, sería algo
similar:
Misma red o configuración se puede observar en el cerebro
humano. Somos parte de una célula (neurona) que nosotros bautizamos como Dios.
Somos pensamientos en movimiento, ¡somo la vida del pensamiento!
Sabemos que esta información puede ser motivo de angustia.
¡no permitan que el milagro de la vida los atormente! Hay muchas cosas que,
para ustedes, aún no son verdad; para otros serán blasfemias. Lo importante no
es el creer, o no, en esto. Claro que cuando crees, el proceso suele acelerarse
y el cambio se vuelve gozoso, y no un tormento.
Sin embargo, creer, no es un requisito para que la vida
(Dios) y tú, sean. La comprensión de que, eso que ustedes llaman vida,
problemas y situaciones agradables y desagradables, no tiene mayor propósito
que liberarte.
Tu creencia de que puedes controlar, incluso influir o
interferir, en el proceso de la vida, te ha mantenido ciego, sordo y atado a
unas cadenas, que su único poder es que tú crees que están ahí. Juegan a ser
Dios (que en realidad lo son) desde la fuerza y la ignorancia; no desde el
poder y el conocimiento.
Estas palabras, que ahora bajan a ustedes, contienen las
llaves necesarias para el punto de quiebre. Son las llaves que creen necesitan
para zafarse de las cadenas que han inventado. No dejen que su poca visión
juzgue su evolución, su camino; si has llegado hasta aquí, es porque así debía
de ser.
Suelta a la vida y déjala ser. Fuiste creado para ser dueño
de tu voluntad, de tu diminuto (y sin embargo basto) espacio que reside en tu
interior. Sé consciente de tu esencia, de tu propio proceso y sé testigo de la
magia de Dios, y del Gran Espíritu, el Padre de todo lo creado e imaginado.
Con amor, acepta estas palabras en tu corazón y permite que
echen raíz; observa, sé uno contigo y evoluciona. Eres creación maravillosa.
Agua no te estanques, deja que el río fluya y se funda al océano que, con amor,
espera tu regreso.
Que así sea, así es, y, así será.
Sabad (Shabat)[1]
[1] El
shabat es un día de alegría, porque ese día el individuo es plenamente él
mismo. Por ello el Talmud llama al shabat la anticipación del tiempo mesiánico,
y al tiempo mesiánico el shabat interminable: el día en que en que la
propiedad, el dinero y la aflicción y la tristeza no tiene cabida; un día en
que es abolido el tiempo, y solo domina el ser puro y espiritual. Su predecesor
histórico, el shapatu babilónico, fue un día de tristeza y de temor. Erich
Fromm.
